
Leonardo Jardim mantuvo el 4-4-2 tipo del año pasado con la inclusión de dos de los fichajes más llamativos, el belga Youri Tielemans en el pivote y el holandés Terence Kongolo en el lateral zurdo. En portería se mantuvo Danijel Subasic, al igual que la pareja de centrales Kamil Glik - Jemerson. El lateral diestro, lo ocupó Almany Touré con Djibril Sidibé por delante. El centro del campo lo completaron Fabinho en el pivote y Thomas Lemar en la izquierda. En punta de ataque, Radamel Falcao más Kylian Mbappé.
Unai Emery dispuso un 4-1-4-1. Como no podía ser de otra manera, Dani Alves partió como titular "situado" en el extremo diestro. La meta la defendió Alphonse Areola. En defensa, Thomas Meunier, Marquinhos, Thiago Silva, Layvin Kurzawa. En el medio del campo Thiago Motta ejerciendo como pivote con Adrien Rabiot y Marco Verratti a sus costados. En el extremo zurdo, Javier Pastore y Edison Cavani en punta de ataque.
El Monaco salió con la intención de sorprender a los parisinos. Planteó una presión muy intensa en todo el campo dificultando la conexión de los cuatro defensores con Thiago Motta y Adrien Rabiot. Además, Fabinho centraba su presión en el italiano Marco Verratti. Desconectado el centro del campo, el PSG acumuló varias pérdidas peligrosas que le costaron ocasiones.
Parar superar el pressing monegasco, Unai retrasó a Verratti hasta la altura de Motta generando una superioridad 3 contra 2 pues Fabinho no podía seguir tanto al italiano, y cuando lo hacía, los centrales parisinos buscaban en largo a Cavani pues entre el doble pivote y los zagueros del Monaco se generaba mucho espacio.
Jardim buscó sorprender con una presión intensa pero Emery encontró los mecanismos para superarla
Leonardo Jardim se vio obligado a reducir la intensidad de la presión. Falcao y Mbappé buscaban al poseedor del balón, pero el resto del equipo esperaba en campo propio. Cuando recuperaban la idea era llegar rápido arriba, y para ello los delanteros tenían un papel fundamental, no estar estáticos. En vez de aparecer por dentro, ambos se escoraban para escapar del trío Marquinhos - Thiago Silva - Thiago Motta.
De esta manera llegó el 1-0. Fabinho recuperó en la divisoria de los campos y se la dio a un Tielemans que al primer toque sacó un pase entre líneas que dejó a Sidibé en el mano a mano ante un Areola que se venció muy pronto y el hoy atacante francés solo tuvo que picársela con sutileza.
El PSG también salió con la idea de presionar arriba metiendo 7 jugadores en campo rival. Sabían que el doble pivote del Monaco no es rápido de pensamientos y con tanta acumulación de piezas por dentro, tendrían dificultades para hilvanar jugadas.
Los parisinos jugaron con la intención de no perder el balón en zonas peligrosas para no darle alas al Mónaco
Antagónico fue el comportamiento con balón. Conscientes del peligro del rival a la contra, aseguraban cada posesión como si fueran ganando en la prórroga de la final de la Champions. Acumulaban casi todos los efectivos por dentro pero era en la derecha donde se tejían la mayoría de las jugadas gracias a las sociedades que formaban Motta, Verratti, Alves y Meunier. En izquierda, Kurzawa abría el campo, mientras Pastore caía a la mediapunta para dar continuidad a las jugadas cuando el balón cambiaba de flanco.
Dani Alves estaba siendo el motor del equipo, era el nexo de unión de todos los ataques parisinos. Se asociaba con Mota, Verratti y Rabiot por dentro y luego hacía lo mismo por fuera cuando se incorporaba Meunier. El brasileño es un jugador que no solo gana partidos, si no que gana finales, y en dos destellos suyos, el PSG remontó la final. El 1-1 lo anota el brasileño al ejecutar con potencia y precisión una falta lejana. Y en el 1-2, Dani sirve un centro a la cabeza de un Rabiot que apareció como un tren de mercancías en el punto de penalti.
La posesión del encuentro perteneció claramente al PSG.
El dominio en los primeros 20-25 minutos fue del Monaco. Luego, el PSG llevó el encuentro a su terreno.
Los mejores del encuentro:
Crédito: Anthony Dibon / Colaborador